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18 octubre 2006

Alejandro Magno y el Arte. I - Las fuentes


A partir de hoy, y durante siete entregas, publicaré la correspondencia que mantuve con Fernando de Olaguer-Feliú, Catedrático y Director del Departamento de Arte I (Medieval) de la Facultad de Geografía e Historia (Universidad Complutense), y autor, entre otras obras, del libro Alejandro Magno y el Arte, 2000, Ediciones Encuentro.

El motivo que me ha llevado a hacer públicas –previa autorización- las cuestiones que le planteé en su día al autor de este libro es el indudable interés de las respuestas ofrecidas por Olaguer-Feliú así como el provecho que las mismas pueden darnos a los interesados en la figura de Alejandro y también como una improvisada guía de lectura de la obra de referencia:

JUAN CARLOS PAREDES: Una vez terminado el libro enseguida le entran a uno ganas de leer a Plutarco. En el caso extraordinario de que este autor todavía viviera debería nombrarte albacea de su testamento por aquello de los derechos de autor: de hecho nos hemos comprado sus Vidas paralelas, y Alejandro Magno… pero hablando en serio, inevitablemente me planteo la siguiente cuestión: hasta qué punto podemos dar por válido lo que nos cuentan los historiadores antiguos, fuera de la mera descripción del paisaje, etcétera. Si en la actualidad [diciembre de 2000], con la cantidad de medios de comunicación que existen (EL MUNDO, EL PAÍS, la cadena COPE, la cadena SER, TELE 5, ANTENA 3…), la cantidad de opiniones encontradas (De la Cierva frente a un Fusi o un Tussell), obtienes tantos puntos de vista que incluso pueden modificar la realidad y presentar varias “realidades” diferentes, te pregunto cómo se enfrenta un historiador honesto ante esta problemática.

FERNANDO DE OLAGUER-FELIÚ: Ante distintas opiniones o teorías de analistas y biógrafos, lo que el historiador científico tiene que hacer es recurrir a la documentación escrita que se conserve (Archivos, Registros, Cartularios, Protocolos, Cedularios, etc.) lo que en ellos se encuentre constatado es “la prueba documental” e irrebatible.

Ahora bien, puede suceder (es el caso de Alejandro Magno) que no exista tal documentación, sino tan solo escritos de historiógrafos que narran su “vida” y “acciones”. Para comprobar la veracidad de las “acciones” se recurre a datos de otras procedencias (en el caso de Alejandro a cronistas y fuentes persas, mesopotámicas, sirias, egipcias, etc.), verificando los hechos y las fechas, que deben coincidir en Anales de Oriente y Occidente, y así se establece “lo que hizo” y “cuándo lo hizo”… Ahora bien, para los datos más íntimos de su vida no hay (en ningún personaje) “fuentes ciertas” a las que acudir: el carácter, los sentimientos, las pasiones se interpretan, al gusto de cada uno, analizando las Memorias (si las hay) o las biografías que sobre el personaje se hubiesen escrito.

En resumen: tenemos hechos rotundos y ciertos (“lo que hizo” y “cuándo lo hizo”) y diversas posturas, según el historiador, en torno al “por qué se hizo”, “qué le motivó”, “qué causas íntimas le movieron”, “por qué se le ocurrió”, "qué pensaba realmente”, “qué le indujo”, etc., etc., etc.

Esto último es lo que tu llamas cuando expones la pregunta “las varias realidades diferentes”: la interpretación personal que cada historiador quiera entender (y que no dejan de ser “matices” y no “hechos acaecidos”).

1 comentario:

  1. Anónimo12:40 a. m.

    Me parece muy interesante. Ya se lo he recomendado a un par de amigos.

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