29 marzo 2010

Maquis


La palabra “maquis” proviene del francés “maquis”, y este probablemente del italiano “macchia”, lugar poblado de monte bajo, muy denso e intrincado. En español ha pasado a designar aquellas personas que, huidas a los montes, vivían en rebeldía y oposición al sistema político establecido. Así consta en nuestro diccionario, pero a nadie se le oculta que el maquis luchaba contra Franco, nadie designaría como “maquis” a un miembro de la Falange huido a los montes…  Probablemente el origen de la expresión se deba, por metonimia, a las matas tras las que se ocultaban los guerrilleros corsos, de Córcega.

Según el CREA, la primera aparición en nuestro idioma data de 1943:

“Hasta última hora las autoridades habían pretendido prohibir que se pronunciaran discursos ante la tumba recién abierta, pero al fin la autorización fue obtenida y pudieron escucharse las palabras emocionadas de Aragón y de Vercors por el Comité Nacional de Escritores, de André Delacour por la Sociedad de Autores, y de Laurent Casanova por el Comité Central del Partido Comunista Francés. Una multitud silenciosa acudió al Père Lachaise bajo la lluvia y la pena de la tarde. Pero, en medio del dolor, todos sentían que el poeta de la libertad y de la esperanza, el héroe de los maquis y cantor de la vida, el amor y la lucha por la justicia, permanecía vivo en su obra y en su ejemplo.”(…)
Ángel Augier. Prosa varia. Letras cubanas (La Habana), 1982.

En 1977, se extiende su uso en nuestro país, por ejemplo:

“La verdad es que, a pesar de todo, también hay una tradición de lucha en el campo gallego (y José Antonio Durán investiga infatigablemente en eso), que fue cortada traumáticamente con la guerra civil, aunque fuera Galicia una de las zonas donde los "maquis" dieron más guerra.”(…)
Triunfo, 04/06/1977

Hubo que esperar a la edición de 1984 para que la expresión “maquis” fuera incluida en el DRAE.

23 marzo 2010

Dato

22 marzo 2010

"¡Resiste, por favor...!"

Una vez, durante una tarde-noche de sábado en el Palacion de la Moncloa, estábamos viendo una película en televisión.  La actriz protagonista ya se había dejado desabrochar los dos primeros botones de la blusa y el galán que tenía en frente acercaba sus labios a los de ella con pasión libidinosa.  Empezaron los primeros carraspeos entre nosotros.  En ese momento, ni corto ni perezoso, el hijo menor de Amparo y Adolfo [Suárez], Javier, se arrodilló frente al televisor y, con gesto suplicante, se dirigió a la actriz: "¡Resiste, por favor -le dijo en voz alta- porque si no me mandan a la cama!".

La carcajada fue monumental.

Los que le llamábamos Adolfo, Luis Herrero, La esfera de los libros, 2007

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