16 febrero 2007

El juicio del 11-M y la conspiración




Ha comenzado el esperado juicio por el 11-M. El tema dará que hablar - ya lo está haciendo, y no llevamos ni una semana de vista- así que tendremos tiempo para ir comentando lo que dé de sí, o lo que dé de no, tan importante acontecimiento.

De momento llama la atención la consideración que las dos principales emisoras de radio de España tienen hacia esta causa. En el breve espacio de tiempo que dura un “zapeo” (y perdón por la expresión porque, según la última edición del DRAE, tan solo se zapea viendo televisión) pude oír en la SER que estamos ante un juicio histórico contra el terrorismo de Al-Qaeda; que se celebrará con las debidas garantías constitucionales; y patatín y patatán. Mientras, en otra parte del dial (COPE), se hablaba de “coreografía”, de “teatrillo”… en definitiva, de engaño y manipulación…

Esta segunda línea de pensamiento me resulta realmente inquietante. No sé si responde a esa estrategia que el propio Losantos plantea en su último libro –De la noche a la mañana, 2006, La Esfera de los Libros- en el sentido de exagerar la nota en sus programas con el fin de llamar la atención y convertirse en alternativa real en las ondas radiofónicas. Lo desconozco porque lo ignoro. Al parecer, según Losantos et altrii, los atentados del 11-M habrían sido realizados por la ETA o los servicios secretos españoles –o ambos al tiempo- de manera que todas las pruebas que se han presentado a juicio serían falsas, mientras que las verdaderas estarían ocultas en estos momentos que tú, desocupado lector, pierdes el tiempo leyendo este blog. Los moros acusados –“pelanas de Lavapiés”- nunca habrían dispuesto ni de la capacidad ni de la tecnología necesaria para llevar a cabo semejante acción… tal teoría, “teoría de la conspiración”, que se llama, solo sería conocida por Losantos, Pedro J. Ramírez y varios centenares de colaboradores necesarios entre los que se encontrarían los propios “pelanas de Lavapiés”, policías, confidentes, mineros, guardias de prisiones, secretarios de juzgados, guardias civiles, cajeras de supermercado (y no es broma), sus respectivas parejas, sus respectivos amantes y familiares en primer y segundo grado de consanguinidad… En definitiva, de ser cierto esto, de estar media España en el ajo de lo que “realmente” sucedió según la COPE y EL MUNDO, me pregunto cómo diablos se ha podido montar el juicio sobre el 11-M o la mayor infamia de la historia universal, y que no se haya montado la de San Quintín.

Para encontrar una explicación acaso habrá que prestar atención a las palabras de Pablo Sebastián en su periódico “on line” La Estrella Digital en su edición de ayer, jueves 15 de febrero. Así, según Sebastián, “en el trasfondo político de está polémica hay una secuencia clara que llevó al PP a la derrota electoral del 2004: Aznar metió a España en una guerra ilegal en Iraq —ahora ha reconocido, cuatro años más tarde, que fue un error—; los terroristas islámicos pusieron nuestro país en su punto de mira y ejecutaron los atentados; el Gobierno de Aznar no quiso reconocer hasta que detuvo al comando la autoría islámica de la masacre; y tras mentir a los ciudadanos insinuando la autoría de ETA, perdieron el 14M las elecciones generales. Ese Gobierno del PP, hasta el traspaso de poderes, siguió la investigación y confirmó la autoría islámica que luego ellos mismos han puesto en cuestión”. En definitiva, no han asimilado la derrota electoral.

Dejo a la consideración de los visitantes del blog cual de las dos versiones es más “potente”: la conspirativa o la oficialista.

14 febrero 2007

DE JUANA CHAOS Y DE OTRAS HIERBAS


El caso del terrorista confeso y convicto De Juana Chaos resulta muy interesante para cualquier observador atento de la actualidad porque concita tanta atención que, ante él –ineludiblemente-, todos acabamos posicionándonos. No caben medias tintas. Sin entrar en demasiadas disquisiciones, porque el asunto es, en verdad, harto complejo (aquí caben consideraciones políticas, jurídicas, éticas… pero también sociológicas, psicologistas y hasta mediopensionistas) me referiré solo a un aspecto que sirve como botón de muestra de lo que quiero decir.

La derecha –el PP, pero también aquellos grupúsculos adheridos a su casco como AVT, y demás hierbas- manifiesta que doce años de condena por sendos artículos periodísticos de un terrorista confeso y convicto son poco para lo que ese criminal merecería. Las izquierdas –fundamentalmente el PSOE- opinan que doce años son demasiados apelando, para ello, al artículo 20 de la Constitución (ese que nadie recuerda y que ampara, precisamente, la libertad de expresión y el derecho a recibir información). Por supuesto, si nuestro entramado legal, por la razón que sea, decide reducir la pena de doce a tres años entonces podemos imaginar las reacciones de unos y de otros: la derecha se escandalizará todavía más de lo que estaba y la izquierda (PSOE) pensará que la Justicia se ha impuesto.

He querido dejar para otro apartado a ese sector de la izquierda (IU y la izquierda extravagante) que desearía la inmediata puesta en libertad del reo apelando a cuestiones meramente éticas (en atención a la precaria situación en que ha quedado el terrorista confeso y convicto tras el inicio de su huelga de hambre, esto es, por razones “humanitarias” debería ser liberado). No me extenderé en esta posición por considerarla, como he dicho antes, eminentemente ética y no política y, por tanto, intrascendente.

Creo que se equivocan todos. Y aquí viene mi “ineludible posicionamiento”. Los socialistas porque olvidan que fue bajo un gobierno anterior de su propio partido cuando se modificó el contenido del delito por apología del terrorismo. Fueron ellos quienes hicieron posible que un artículo de opinión pueda considerarse como apología aunque tras su publicación no haya habido un atentado del que se pueda establecer una relación de causa-efecto. Los populares se equivocan porque, en efecto, nos encontramos en un estado de derecho en el que, por inmoral que nos parezca la opinión de otro, hay un artículo 20 que reconoce expresamente el derecho “a expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción”. El desacuerdo entre las dos principales formaciones políticas de España parece mayúsculo. De todo lo cual se deduce que el tan cacareado pacto antiterrorista PP-PSOE no es más que un acuerdo contra natura. Un engendro irrealizable que, como ha quedado demostrado, solo se saca a colación cuando interesa electoralmente. Empiezo a pensar que esto no tiene solución.

01 febrero 2007

Apagón eléctrico.

Sin entrar demasiado en detalle, porque el tema está muy hablado a estas alturas, me veo en la obligación de dar aquí mi opinión sobre el llamado “apagón mundial contra los efectos del cambio climático” que tendrá lugar, dicen, hoy entre las 19.55 y las 20.00.

Al parecer, esta medida constituye una protesta por el derroche energético y el cambio climático. Algunos dirán que si no sale la palabra “libertad” en el eslogan de la protesta ellos no se sumarán… pero esto quizá sea lo de menos. Aprovechando la coyuntura también se denuncia la reducción de la capa de ozono, la extinción de las especies, el cambio en las estaciones, el cambio en el comportamiento de los animales (sic), el descenso del turismo, y otras curiosas cuestiones que no traeré a colación porque ya salían en la carta que el Jefe indio Seattle escribió en 1854 a un presidente de los EEUU cuyo nombre no recuerdo y además no me voy a levantar ahora a mirarlo.

Desconozco la repercusión que una medida de este calibre pueda tener para la causa de los participantes. En realidad, ni ellos mismos se ponen de acuerdo en el objeto de la misma. Según algunos, se trataría de comprobar, con datos empíricos, los efectos beneficiosos que un apagón generalizado de cinco minutos tendría sobre el “medio ambiente”… otros dirán que la cuestión está en comprobar la capacidad de movilización que las oenegés tienen sobre el público municipal y espeso –como diría Rubén Darío-. Cabe también la posibilidad de que esta medida sirva como un termómetro que nos indicara el grado de concienciación de la “sociedad civil” hacia estas cuestiones… por supuesto, nunca sabremos qué diablos significa esto de la “sociedad civil” y todavía menos –me temo- de boca de quienes se dicen miembros tal engendro conceptual.

En definitiva, cuando el reloj marque las 20.00, de nuevo encenderán sus calefacciones, sus monitores de televisión, sus adeseeles –para comentar por el Messenger con los colegas lo bien que se sintieron durante esos cinco minutos cinco de apagón-, acudirán a los centros comerciales y enviarán desde allí sus SMS –vía satélite- a la familia para regañar al abuelo, porque se dejó indebidamente encendida la luz del baño. Volverán, por tanto, a su condición de miembros de nuestra sociedad opulenta pero, eso sí, con la conciencia tranquila porque, durante cinco minutos cinco, contribuyeron con su granito de arena a hacer un poco más habitable este diablo mundo. ¡País!

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