El presente trabajo está basado en el artículo publicado por el profesor Gustavo Bueno en la revista digital
EL CATOBLEPAS en su edición de noviembre de 2005. En un primer momento –en realidad, la parte más extensa de esta intervención- daré unas notas generales sobre en qué pueda consistir el tipo de pensamiento denominado por Bueno como “pensamiento Alicia”. Después realizaré una reexposición crítica de la
última intervención de JULIO PAREDES en el debate sobre el conflicto de Palestina como ejercicio de “pensamiento Alicia”.

I. Pensamiento Alicia. [Extractado del artículo citado]
Hay un tipo de pensamientos irreales, creados por personas individuales, que nos ofrecen descripciones o proyectos sobre sociedades futuras, felices y pacíficas. Se nos introduce en ese mundo irreal sin medir las distancias que guarda con el mundo real nuestro; se nos presenta un mundo visitable y visitado de hecho por los hombres, a la manera como Alicia visitaba, según Carroll, el País de las Maravillas. Es a este tipo de pensamiento al que llamamos «Pensamiento Alicia».
Lo característico del «Pensamiento Alicia» es precisamente la borrosidad de las referencias internas del mundo que describe y la ausencia de distancia entre ese mundo irreal y el nuestro. Afirmo que la «Alianza de las Civilizaciones» es un proyecto que tiene todas las características del tipo de pensamiento que hemos denominado «Pensamiento Alicia». El pensamiento de una «Alianza de las Civilizaciones» nos pone ante un escenario planetario muy próximo en el cual las civilizaciones realmente existentes habrán dejado de alimentar sus conflictos y habrán olvidado sus guerras, llegando a comprenderse y abrazarse, aceptando unos los credos de los otros. «Esta es la casa de todos, sin diferencias, de los ricos y de los pobres, de los países con historia y de los que apenas tienen, de los que creen en Dios, o en varios dioses, y de los que no creen. Fue en esta sala –dice el Pensador (Rodríguez Zapatero) en su intervención ante la Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York– donde tuve la certeza de lo necesario que resulta la Alianza de las Civilizaciones». De este modo cristalizó lo que ahora llamamos «Pensamiento Zapatero».
La alianza entre civilizaciones, en sentido estricto, es imposible, salvo que se esté dispuesto a destruir alguno de los aliados o todos. ¿Cómo hacer compatible la poligamia con la monogamia sin destruir uno u otro sistema, o ambos? ¿Y el derecho de propiedad? ¿Cabe una alianza entre civilizaciones que contienen entre sus instituciones la propiedad privada de los medios de producción y aquellas otras que consideran necesario destruir esta institución en nombre del comunismo? ¿Tiene algún porvenir, como modelo de civilización universal, el proyecto de Den Xiaoping de hacer de China un país con dos sistemas?
Pero las circunstancias formales que vacían de todo significado al proyecto de una Alianza de Civilizaciones tienen si cabe más fuerza que las circunstancias materiales. Una alianza entre civilizaciones presupone la posibilidad de representantes personales o comisarios de tales civilizaciones que sean capaces de pactar. Pero, ¿quién puede asumir con títulos fundados la representación de una «civilización» en el momento de tratar de establecer una alianza con otras?
¿Acaso la alianza entre la «civilización católica» y la «civilización musulmana» puede llevarse a cabo a través de la negociación entre el Papa de Roma y el Imán de Bagdad? ¿O es que se supone que las civilizaciones, entidades impersonales, pueden sin embargo establecer alianzas entre sí?
Pero hay algo más. No se trata sólo de un proyecto inocuo y de buena fe, de un libre ejercicio de «Pensamiento Alicia». Lo que en el terreno literario puede dar lugar a resultados agradables e inofensivos, el Pensamiento Alicia aplicado a asuntos de política y economía reales puede ser sumamente peligroso y ofensivo. En efecto, el Pensamiento Alicia desvía, por de pronto, la atención de los problemas reales, como puedan serlo los conflictos entre grupos o clases sociales, o entre ricos y pobres; desdibuja la realidad y transfiere sus problemas a una escala –civilizaciones– inasible por cualquier hombre práctico; encubre, bajo las fantasiosas ideas de las «civilizaciones», los problemas reales e impide centrarlos en sus quicios propios. Lo que el Pensamiento Alicia puede tener de interesante en el terreno literario lo tiene de vergonzoso cuando se aplica a la política y a la cultura como lo hace el Pensamiento Zapatero.
¿Queremos decir con esto que el Pensamiento Zapatero, el Pensamiento de la Alianza de las Civilizaciones no tenga porvenir?
En modo alguno, al contrario, en cuanto pensamiento. Precisamente su condición de Pensamiento Alicia puede abrirle la puerta de millones y millones de individuos con las entendederas sintonizadas para recibir este pensamiento (Cómo ganar amigos de Carnegie, una obra desarrollada según los métodos del Pensamiento Alicia, lleva ya vendidos varios millones de ejemplares).
Pero por mucho que progrese el Pensamiento Zapatero sobre la Alianza de las Civilizaciones, por muchas sesiones del GAN (Grupo de Alto Nivel, de la ONU), por muchas ONGs, reuniones, congresos, seminarios, libros y televisiones que se dediquen a desarrollarlo y cultivarlo, lo que no habrá avanzado ni un solo milímetro es la misma «Alianza de civilizaciones». ¿Cómo podría avanzarse hacia una alianza entre entidades imaginarias cuyos límites sólo pueden ser dibujados en el País de las Maravillas?
II. Pensamiento Alicia de Julio Paredes.
En mi opinión, la intervención de Julio Paredes puede considerarse un caso del tipo pensamiento Alicia. En su escrito observamos las principales características de esta posición, a saber:
- Se nos introduce en ese mundo irreal sin medir las distancias que guarda con el mundo real nuestro:
“Como los Capuleto y los Montesco de "Romeo y Julieta" de Shakespeare. Para mi no hay buenos y malos. Nadie tiene razón. Sólo hay odio. Así nadie puede plantear la cuestión. Siempre se dirá, este mató a ese y el otro a aquel. No llegamos a ninguna parte. No lo vemos, y no vamos a aportar ninguna solución al conflicto. Muy al contrario. Lo único que vamos a hacer es dar más razones a los que matan para que sigan matando. Si acaso, que se han olvidado de cargarse a alguien.
La sensación que se nos queda cuando termina "Romeo y Julieta" es lo estúpidos que somos. Porque todos lo hacemos a nuestro nivel. Todos matamos las ideas de los demás. Yo mismo lo estoy haciendo ahora.”
- Borrosidad de las referencias internas del mundo que describe y la ausencia de distancia entre ese mundo irreal y el nuestro:
“Recuperada esta sensibilidad y esta sensación de ser personas vulnerables y falibles, tenemos que tratar de entender que los buenos y los malos están a ambos lados (como en la guerra civil española, en que se asesinó por los dos lados)”.
- Nos pone ante un escenario planetario muy próximo en el cual las civilizaciones realmente existentes habrán dejado de alimentar sus conflictos y habrán olvidado sus guerras, llegando a comprenderse y abrazarse:
“Todos tenemos derecho a vivir, a tener una residencia ... en definitiva, tenemos que intentar ver a los dos contendientes, con sensibilidad. No tenemos derechos humanos porque lo ponga un papel. Tenemos que sentirlo. No hay que razonar que un judío o un musulmán tienen derecho a tener una residencia en la que vivir tranquilo. No lo razonemos, hay que sentirlo”.
- No se trata de un proyecto inocuo y de buena fe, desvía, por de pronto, la atención de los problemas reales, como puedan serlo los conflictos entre grupos o clases sociales, o entre ricos y pobres; desdibuja la realidad y transfiere sus problemas a una escala –civilizaciones– inasible por cualquier hombre práctico:
“Oriente próximo está secuestrado por la religión, la ideología y el nacionalismo. Estas tres están manipuladas por unos pocos, que son lós únicos que ganan algo con todo esto. Cuando el pueblo, todo él, unos y otros, se den cuenta por fin de esta manipulación, y quieran por fin vivir en paz, a estos pocos se les terminará el cuento.”